domingo, 3 de febrero de 2008

Lucidez...

Justamente ahora está amaneciendo y me hace gracia pensar que normalmente, ésta es la misma hora a la que entre semana el despertador comienza a cantarme la molesta cantinela que me dice que ya es hora de volver a comenzar el día. Pero en este caso empieza a ser de día y yo no me levantaré, sino que me acostaré, no sin antes respetar lo que por alguna razón pienso que son ratos de extrema lucidez.

Recuerdo que cuando mi padre de emborrachaba (por motivo de alguna fecha importante, tipo Nochevieja) acababa sus juergillas en un berrinche que de sincero, hasta se hacía tierno, en el que lo que más solía repetirle entre pucheros a mi madre era lo mucho que quería a su mujer y sus hijas... él, ya mayor, ha dejado de hacerlo claro está, pero a mi se me quedó esa sensación de que el alcohol, sea por lo que fuere, te libera de alguna clase de barrera emocional que normalmente llevas sólidamente erigida.

Hoy yo me he pasado la noche pensando en Ella y en que hacía una semana que había comenzado todo y en que debía estar ya durmiendo mientras yo apuraba el último trago de mi estúpido segundo cubata, mientras me debatía entre si debía o no enviarle un mensaje para decirle algo que me ha rondado la cabeza toda la noche, aunque al final no lo he hecho por temor a despertarla, señal de que no debía estar demasiado borracha.

Al salir del garito en cuestion L y J han dado un paciente paseo conmigo alrededor de unas cuantas calles a petición mía, porque les he pedido que me esperasen un poco hasta que pudiese coger el coche en condiciones. Mientras tanto, deambulando para arriba y para abajo, nos hemos cruzado con una mujer mayor (unos 60 años) que como nosotros deambulaba por las calles nocturnas entonando una cantinela que decía: adios, mi amor, adios... o algo así... y en ese momento me he intentado meter en la piel de esa mujer y pensar que podía ser lo que le impulsaba a vagar en una noche de invierno, en zapatillas y abrigo, por las calles de Barcelona tarareando una triste canción de amor... mientras J y L andaban a 20 metros de mi, viviendo su extraña historia de amor con recatos y frustración, L acariciando tímidamente a J y J dejándose acariciar disimuladamente, mientras yo las observaba de lejos y volvía a pensar en que esa historia no acabará teniendo un buen final.

Al final, hemos encontrando una cafetería abierta y he sentido el impulso de decirle al dependiente que la regentaba, un hombre mayor, lo pronto que se habían levantado... he empezado a manchar el suelo de migas de croissant y he acabado saliendo fuera porque no quería seguir haciendo eso porque me sentía demasiado maleducada y al final, después de tanto pasear, un poco ya recobrada la sensatez ordinaria, he vuelto a ver claro como Ella ha despertado en mi de nuevo tantas sensaciones que tenía dormidas y que había olvidado existían, y como por eso me tenso y aprieto los dientes durmiendo, en alguna especie de ansiedad clarividente en la que mi cuerpo traduce en espasmos los nervios que voy acumulando cada día... los nervios de volver a ver como se acercan las cosas de frente y la responsabilidad de lidiar con ellas sin estropearlo todo, sin dejar pasar la oportunidad de construir algo mejor poco a poco y día tras día.